RICARDO MADRAZO (Madrid, 1852-1917). “El guardián del harén”. Óleo sobre lienzo. Firmado en el ángulo inferior derecho. Medidas: 46 x 35 cm; 74,5 x 64 cm (marco). Ricardo de Madrazo fue hijo de de Federico y hermano de Raimundo. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde tuvo como maestros, además de a su propio padre, a Joaquín Espalter y a los escultores Ricardo Bellver y Ponciano Ponzano. En 1866 conoció a Mariano Fortuny quien sería su cuñado e influiría poderosamente en su estilo pictórico. Con Fortuny viajaría en 1868 a Roma, donde asistió a la Academia Chigi. En 1869 se estableció en París, donde tuvo la oportunidad de visitar el taller de Jean-Louis-Ernest Meissonier. En París se dedicó también a estudiar a los grandes maestros, cuyas obras se conservan en el Louvre, copiando numerosos cuadros. La Guerra Franco-Prusiana lo obligó a volver a España entre 1870 y 1872, y se estableció en Granada junto a su hermana y su cuñado. Los dos pintores apro¬vecharon la ocasión para pintar a plein air en la Alhambra y el Albaicín. A la casa de Fortuny, como si fuera una academia libre, acudían muchos pintores. Desde allí hicieron un viaje a Marruecos en compañía de José Tapiró y posteriormente marcharon a Roma. La vida del artista siguió vincu¬lada a la de su cuñado hasta que éste falleció, inesperadamente, en 1874 y hubo de hacerse cargo del estudio, la catalogación y la subasta de las obras de Fortuny, realizada en el hotel Drouot de París. Después, pasó algunas temporadas en Tánger en compañía de Tapiró, y alternó sus ¬estancias entre París y Madrid, participando alternativamente en las ¬Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de ambas capitales. En 1885 se estableció definitivamente en Madrid, viajando anualmente a Venecia y a París. A partir de aquel año, siguiendo la tradición familiar, se especializó en pintura de paisaje y en retrato. Por su estudio madrileño pasaron desde la reina María Cristina a Archer Milton Huntington, Lázaro Galdiano, Durand-Ruel o William Howard Taft, quien le encargó El Parnaso. Sus amplios conocimientos sobre la Antigüedad lo convirtieron en un valioso asesor artístico de importantes coleccionistas españoles y americanos.
RICARDO MADRAZO (Madrid, 1852-1917). “El guardián del harén”. Óleo sobre lienzo. Firmado en el ángulo inferior derecho. Medidas: 46 x 35 cm; 74,5 x 64 cm (marco). Ricardo de Madrazo fue hijo de de Federico y hermano de Raimundo. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde tuvo como maestros, además de a su propio padre, a Joaquín Espalter y a los escultores Ricardo Bellver y Ponciano Ponzano. En 1866 conoció a Mariano Fortuny quien sería su cuñado e influiría poderosamente en su estilo pictórico. Con Fortuny viajaría en 1868 a Roma, donde asistió a la Academia Chigi. En 1869 se estableció en París, donde tuvo la oportunidad de visitar el taller de Jean-Louis-Ernest Meissonier. En París se dedicó también a estudiar a los grandes maestros, cuyas obras se conservan en el Louvre, copiando numerosos cuadros. La Guerra Franco-Prusiana lo obligó a volver a España entre 1870 y 1872, y se estableció en Granada junto a su hermana y su cuñado. Los dos pintores apro¬vecharon la ocasión para pintar a plein air en la Alhambra y el Albaicín. A la casa de Fortuny, como si fuera una academia libre, acudían muchos pintores. Desde allí hicieron un viaje a Marruecos en compañía de José Tapiró y posteriormente marcharon a Roma. La vida del artista siguió vincu¬lada a la de su cuñado hasta que éste falleció, inesperadamente, en 1874 y hubo de hacerse cargo del estudio, la catalogación y la subasta de las obras de Fortuny, realizada en el hotel Drouot de París. Después, pasó algunas temporadas en Tánger en compañía de Tapiró, y alternó sus ¬estancias entre París y Madrid, participando alternativamente en las ¬Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de ambas capitales. En 1885 se estableció definitivamente en Madrid, viajando anualmente a Venecia y a París. A partir de aquel año, siguiendo la tradición familiar, se especializó en pintura de paisaje y en retrato. Por su estudio madrileño pasaron desde la reina María Cristina a Archer Milton Huntington, Lázaro Galdiano, Durand-Ruel o William Howard Taft, quien le encargó El Parnaso. Sus amplios conocimientos sobre la Antigüedad lo convirtieron en un valioso asesor artístico de importantes coleccionistas españoles y americanos.
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